domingo, 18 de noviembre de 2012

¿Estamos a tiempo de cambiarlo?

No se quien lo ha escrito, pero merece la pena leerlo y reflexionar.

Cuando analizas lo que ocurre en una empresa o una sociedad, debes
buscar las causas que provocan su situación, porque sólo trabajando
sobre las causas, puedes cambiar los efectos. Y no tengo ninguna duda
de que una de las principales causas de la prosperidad que vivimos en
los años pasados fue la actitud de la generación de nuestros padres, y
una de las principales causas de la crisis, es haber perdido esa
actitud.

Recuerdo que hace años, un empresario brillante que viajó a China
para hacer negocios, me comentaba: “China va a ser imparable. Cuando
llegas allí el ambiente te recuerda la España de los años 70. Todo el
mundo quiere trabajar mucho, ahorrar, comprarse su casa, su coche, que
sus hijos vayan a la universidad… Cuando una generación está así
centrada, no hay quien la pare” Este pensamiento me hizo reflexionar
entonces y me ha vuelto a la memoria al contemplar a las tres
generaciones que convivimos.

Mis padres tienen en torno a 70 años, y siempre han sido un ejemplo
de trabajo, honradez, austeridad, previsión y generosidad. Pertenecen a
una generación que, como dice mi padre, les tocó el peor cambio: de
jóvenes trabajaron para sus padres y de casados para sus hijos.

Son gente que veían el trabajo como una oportunidad de progresar,
como algo que les abría a un futuro mejor, y se entregaron a ello en
condiciones muy difíciles. Son una generación que compraba las cosas
cuando podía y del nivel que se podía permitir, que no pedía prestado
más que por estricta necesidad, que pagaban sus facturas con celo, y
ahorraban un poco “por si pasaba algo”, que gastaban en ropa y lujos lo
que la prudencia les dictaba y se bañaban en ríos cercanos, disfrutando
de tortillas de patata y embutidos, en domingos veraniegos de familia y
amigos.

Y tan sensatos, prudentes y trabajadores fueron, que constituyeron
casi todas las empresas que hoy conocemos, y que dan trabajo a la
mayoría de los españoles. Sabían que el esfuerzo tenía recompensa y la
honradez formaba parte del patrimonio de cada familia. Se podía ser
pobre, pero nunca dejar de ser honrado.

La democracia significaba libertad y posibilidades y seguir viviendo
en armonía y respeto. Y cometieron los dos peores errores imputables a
esa generación:

1) “Que mis hijos no trabajen tanto como trabajé yo”. Nos cargamos la
cultura del esfuerzo y del mérito de un plumazo, convirtiendo el
trabajo en algo a evitar.
2) “Como tenemos unos ahorrillos, hijo, tu gasta, que para eso están
tus padres”. Con lo que mi generación empezó a pensar que el dinero
nacía en las cuentas corrientes de sus padres, que daban la impresión
de ser inagotables y que los bancos eran unas fuentes inagotables de
hipotecas, rehipotecas y contrarehipotecas.

Y entonces, eclosionó nuestra generación (yo soy del 67).

La generación de los nuevos ricos, la generación de “los pelotazos”,
del gasto continuo, de la especulación, de la ingeniería financiera, de
la exhibición del derroche, la de lo quiero todo y lo quiero ya, la de
“papá dame”.

Y todos nos volvimos ricos (en apariencia), todos nos convertimos en
gastro-horteras. ¿Conocéis a alguien que se atreva a comer un bocata de
chorizo? Le corren a gorrazos por paleto. Ahora hay que comer
hamburguesas deconstruidas al aroma de los almendros al atardecer.

¿Y qué decir del vino? Pasamos del Don Simón con Casera, al Vega
Sicilia sin fase de descompresión. El vino ya no está “bueno”, ahora
tiene matices a fruta del bosque, con un retrogusto alcohólico, que
adolece de un cierto punto astringente, con demasiada presencia de
roble.

Esto, por supuesto, a golpe de docenas de euro, que para ser un
“enterao” hay que pasar por taquilla. ¡Y es que pocas cosas cuestan
tanto, como ocultar la ignorancia!

Somos la generación de “endeudarse para demostrar que eres rico”.
Increíble pero cierto.

- ¿Sólo debes 500.000 €? Es que eres un cutre. Mira, nosotros debemos
ya 2.000.000 y nos están estudiando una operación por otros 2 más.
- Vosotros sí que sabéis sacar provecho al sistema… Ojalá yo algún
día pueda deber esas cantidades. ¡Cuánto envidio tus préstamos!

En Alemania no daban abasto a fabricar Mercedes, Audis, BMW para los
españoles.

Irrumpió Europa en nuestras vidas y llegó en forma de mega
infraestructuras que producían mega comisiones para todos los
involucrados.

¡Viva el cazo!
¡Viva el yerno del Rey!
¡Que se besen los padrinos!

Además llovían las subvenciones, nos daban una fortuna por plantar
viñas y luego a los dos años otra fortuna por arrancarlas. Que llegaba
un momento que no sabías si tenías que plantar o arrancar. A propósito,
¿Qué toca este año?

Si algún “tarao” dice que hay que parar esto, se le lapida y “que no
pare la fiesta”. Por supuesto que todos estamos de acuerdo que esto es
imposible que se sostenga, pero hay que empezar a recortar por el
vecino, que lo mío son todo derechos esculpidos en piedra en la
sacrosanta constitución.

De la siguiente generación mejor no hablar (lo dejaré para otro
post). Esa es la generación que dice el aforismo que será pobre, por
ser nieta de ricos. Si somos incapaces de volver a los valores con los
que se construye una sociedad sostenible, nos hundiremos, eso sí,
cargados de reivindicaciones.

En mi casa siempre he tenido un ejemplo vivo de cordura, honradez y
esfuerzo. Y no han sido menos felices que nosotros. Los psiquiatras, de
hecho, dicen que al revés, que han sido bastante más. Debe ser que la
sencilla tortilla, el melón fresquito, comprar el sofá cuando se podía,
poner las cortinas cosidas por nuestra madre, con ayuda de la abuela,
trabajar y echarle huevos para emprender (aunque no lo llamaban así) no
debía ser mala receta.

Desde aquí quiero dar las gracias a mis padres y a toda esa
generación que nos regalaron un país cojonudo, que nos hemos encargado
de arruinar (entre todos, que todos hemos aplaudido la locura), y que
sólo con que nos descuidemos un poquito más, le vamos a dejar a
nuestros hijos un protectorado chino, donde serán unos esclavos
endeudados y tendrán unas historias legendarias sobre la prosperidad
que crearon sus abuelos, empeñaron sus padres y son incapaces de
imaginar los nietos.

Estamos a tiempo de cambiarlo, pero cada vez tenemos menos. Podemos
encontrar maestros en casa.

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